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AMÉRICA LATINA

AMÉRICA LATINA (3)

Investigadores en Alemania y América Latina estudian un fenómeno persistente que se va profundizando, a pesar de que la pobreza disminuye.

Desde diferentes disciplinas, como la economía, la política y la ecología, estudiosos de Alemania y América Latina intentan abordar las profundas desigualdades sociales que caracterizan históricamente a las sociedades latinoamericanas. La red internacional de investigación sobre desigualdades interdependientes, desiguALdades.net (www.desigualdades.net), es coordinada por el Instituto Latinoamericano de la Freie Universität Berlin y el Instituto Ibero-Americano de esta ciudad y recibe desde 2009 el apoyo financiero del Ministerio Federal de Educación e Investigación de Alemania (BMBF).

Como explica una de las voceras de la red, la antropóloga Barbara Göbel, esta iniciativa busca enfatizar la multidimensionalidad de las desigualdades sociales: “Generalmente predomina en el análisis la dimensión económica, marcando las diferencias de clase. Nosotros también tenemos en cuenta diferencias étnicas y culturales. Latinoamérica sigue siendo una de las regiones más desiguales del mundo y estas desigualdades están también marcadas por la interdependencia con otras regiones”.
El cultivo de la soja en Argentina, la extracción de cobre en Chile o el desarrollo de la minería del litio en Bolivia no se entienden si no se tiene en cuenta la demanda por estos recursos naturales desde otras regiones. Los destinos tradicionales han sido Europa y Estados Unidos, pero en los últimos años se ha sumado Asia, en particular China.

La explotación y la exportación de materias primas y productos agropecuarios permitió incrementar los ingresos del Estado, lo que se ha traducido en muchos países en mejoras sociales y una reducción de la pobreza en las últimas décadas, “pero esto no ha sido por una reestructuración de la economía o por medidas de redistribución, como aumentar los impuestos, sino por transferencia del Estado hacia los sectores más pobres”, indica otra de las voceras de desiguALdades.net, la politóloga Marianne Braig.

Las desigualdades sociales, en tanto, se han mantenido o profundizado, consolidadas por un modelo económico que apuesta a la explotación y exportación de recursos naturales. La demanda global por materias primas y productos agropecuarios no repara en los costos y riesgos socioambientales presentes y futuros que estos puedan tener.

Barbara Göbel lo ejemplifica con la extracción del litio: “Este es un elemento clave para tecnología de baterías que permite integrar a la matriz energética un mayor porcentaje de energía renovable o la implementación de la movilidad eléctrica. El desarrollo de estilos de vida más sustentables en el Norte Global, con menos emisiones de CO2, produce “insustentabilidades” en el Sur Global. A pesar de los beneficios a corto plazo que pueda traer la comercialización del litio, su extracción genera impactos y costos a nivel local y para futuras generaciones”.

Desigualdad en cifras

El estudio de la CEPAL titulado “Panorama social de América Latina”, de 2012, registra una leve disminución en los índices de desigualdad distributiva, principalmente en Argentina, Bolivia, Nicaragua y Venezuela, pero los niveles generales siguen estando entre los más altos del mundo, y asociado a ello, se registran desconfianza y malestar ciudadano.

Según el estudio, “el promedio de 18 países de los que se cuenta con información relativamente reciente indica que el 10% más rico de la población recibe el 32% de los ingresos totales, mientras que el 40% más pobre recibe el 15%”. Niveles relativamente altos de concentración se observan en Brasil, Chile, Colombia, Guatemala, Honduras, Paraguay y República Dominicana, mientras que en Uruguay y Venezuela se da la menor concentración, ya que las proporciones son del orden del 20% al 23% en ambos extremos.

Discusión desde América Latina

En los países latinoamericanos, la academia también ha abierto espacios de análisis. Hasta los años 90 el tema central era la pobreza, pero ha habido un cambio de relato. “Con los procesos económicos y la aplicación de políticas públicas, empieza a bajar la tasa de pobreza”, indica la socióloga Emmanuelle Barozet, directora del Proyecto Desigualdades en Chile (www.desigualdades.cl), el cual mantiene vínculos y cooperación con la red alemana.

La especialista sostiene que en América Latina se dio una sobreposición de sistemas de por sí desiguales -el indígena y el traído por los conquistadores europeos-, y que estas condiciones heredades casi no han sido alteradas. “No hay que olvidar que si en Europa son más igualitarios es porque han tenido procesos que alteran profundamente las condiciones de desigualdad, como las guerras. Su sistema de protección social es fruto de las dos guerras”, indica.
Las revoluciones o el camino democrático, como el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile, no han tenido éxitos significativos en disminuir la brecha entre los más ricos y los más pobres. Desde la investigación y las políticas públicas, sin embargo, se intenta proponer soluciones.
En busca de cambios

Los expertos coinciden en que se necesitan transformaciones estructurales. Uno de los caminos es la reforma tributaria, que Chile está intentando con una reciente ley. “Se trata de sacar una tajada de las riquezas que se acumulan en la parte más alta de la estructura social para redistribuirlas”, dice Emmanuelle Barozet. Los especialistas ejemplifican los efectos de esta medida: antes de pagar impuestos, las desigualdades en América Latina y Alemania son las mismas, pero después de pagarlos la situación es completamente distinta.

Otra transformación efectiva sería el cambio en los modelos de producción. A excepción de México, Brasil y Argentina -los más grandes-, en general todos los países son extractivistas y exportan materias primas poco refinadas, para lo que no necesitan mano de obra calificada y reciben un bajo ingreso, explica Emmanuelle Barozet. “Los países que han logrado dar un salto en la reducción de las desigualdades lo han hecho industrializando su sistema de producción o por lo menos metiéndose en nichos en que obtienen una mayor plusvalía por el camino de transformar la materia prima”, indica.

El gran dilema es que si bien todos reconocen la existencia de desigualdades y los movimientos sociales claman por cambios, no hay acuerdo en las soluciones. El cambio de los sistemas tributarios hacia modelos más solidarios no goza de gran popularidad. Por su parte, la transformación de los modelos de producción es una medida costosa y “a los países industrializados no les conviene que los del sur salgan de sus nichos de producción barata”, agrega Barozet.

A nivel académico, en tanto, la red alemana desiguAldades.net plantea espacios de cooperación entre investigadores alemanes, europeos y latinoamericanos en forma igualitaria. A través de coloquios, conferencias, publicaciones y reuniones internacionales sobre el tema, así como estadías, becas de doctorado y postdoctorado, se genera una comunidad de intercambio y colaboración mutua que está arrojando luces sobre los desafíos que enfrenta el continente latinoamericano.

FUENTE: http://www.dw.de/am%C3%A9rica-latina-la-pobreza-contin%C3%BAa/a-18230766

Jueves, 02 Abril 2015 18:29

América Latina crecerá en el 2015

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La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, Alicia Bárcena, augura que la región retomará su crecimiento económico en 2015, pero advirtió que hay que propiciar el ahorro y evitar el consumo desmedido.

Santiago, (AFP).- Con la época dorada de los ‘commodities’ cercana a su fin y una economía en desaceleración, América Latina debe confiar en el ahorro y la inversión para acortar la desigualdad, dijo Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de Cepal, en entrevista con la AFP.

“Lo que nosotros decimos en “Cepal” es que debemos apuntalar ahorro e inversión”, dijo Bárcena, tras entregar el informe sobre pobreza y desigualdad 2014 de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en su sede en Santiago.

“La palabra ahorro en América Latina es la que debemos instalar, porque ahora estamos más en el consumo y no en el ahorro”, enfatizó Bárcena, secretaria ejecutiva de Cepal desde 2008 y con una vasta experiencia en las Naciones Unidas.

América Latina, donde 167 millones de personas viven en situación de pobreza, ha logrado acortar la brecha entre pobres y ricos en al menos 15 países, cayendo 10% entre 2002 y 2013, cifra que da esperanzas a Cepal en la lucha por disminuir la desigualdad.

Pero ante el modesto panorama de crecimiento económico de este año, en torno al 2,5% según las proyecciones de Cepal, y una menor importación de materias primas de Europa y las economías emergentes, especialmente China, Bárcena llama a la austeridad.

“Tenemos que generar sociedades que tengan más capacidad de ahorro y más austeridad. En el fondo, sociedades que dependan menos del consumo, porque el consumo en América Latina está vinculado al endeudamiento”, afirmó.

Las condiciones para la inversión en la región aprovechando su riqueza natural, conectividad, y su lejanía de los conflictos como los de Medio Oriente, también son vistas por Bárcena como otro camino para cerrar la brecha, pero con una visión regional para así ofrecer un mercado mucho más numeroso que el de un solo país.

“Siento que América Latina tiene la posibilidad de pensar distinto, y tener clara la prioridad de combatir la desigualdad, apuntalar el crecimiento económico con nuevos sectores y dejar los commodities”, aseveró.

“La inversión en general en infraestructura tiene una tasa aproximadamente del 21% y tiene que incrementarse a niveles de 27% anual, para poder realmente cerrar brechas en sectores como telecomunicaciones, caminos, agua”, indicó.

- Desigualdad y concentración del capital –

Desde mediados de la década pasada, los gobiernos de la región entendieron que para combatir la desigualdad era necesario implementar políticas de Estado como programas sociales, para lograr mayor equidad.

Venezuela se convirtió en uno de los países con mayor reducción de desigualdad gracias a las grandes inversiones sociales que hizo con los ingresos del petróleo. Sin embargo, no diversificó su producción y el índice de pobreza se ubicó en 32,1% en 2013.

“El problema es que (Venezuela) no invirtió aunque sea una parte de esas rentas en transformar su estructura productiva”, afirmó Bárcena.

Los países latinoamericanos que más han disminuido la desigualdad son Venezuela, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador y Perú.

Sin embargo, la concentración de capital se ha transformado en una de las razones por las que la desigualdad ha golpeado a América Latina, donde 61 millones de personas aún viven en la extrema pobreza y no tienen la oportunidad de acceder a mejores ingresos, una educación de calidad y sufren segregación territorial.

“La desigualdad está aumentando por diferentes razones. En América Latina, a la desigualdad que ya teníamos se nos está sumando esta otra, la concentración del capital y las rentas”, explicó Bárcena.

“La desigualdad no es un tema de los pobres, es un tema de los ricos. Lo que tenemos que entender es lo que está pasando en los niveles más altos de concentración del ingreso o las rentas del capital”, añadió.

FUENTE: http://gestion.pe/economia/america-latina-crecera-2015-2121687

Aunque la pobreza ha disminuido sistemáticamente desde 1990, como lo indica la encuesta Casen, la desigualdad se ha mantenido constante. ¿Vale la pena el esfuerzo por disminuir la desigualdad si la pobreza es cada vez menor?, se pregunta el autor de esta columna. Su respuesta, desde la perspectiva de la economía, es que la desigualdad afecta negativamente el crecimiento, por lo que resulta crucial reducirla “si queremos seguir creciendo y optar al desarrollo económico que tanto anhelamos”.

La encuesta Casen 2013 indica que, como sea que la midamos, la pobreza ha disminuido sistemáticamente desde 1990 a la fecha. La misma encuesta ratifica que la desigualdad se mantiene constante, algo que damos por descontado como un muy mal resultado.

Por esta razón, por años se ha planteado como un gran objetivo para el país disminuir la inequidad de ingresos y se ha intentado implementar diversas políticas para cumplir esta meta, como las actuales reformas, las que han sido foco de críticas porque atentarían contra el crecimiento económico.

A pesar de lo álgido de esta discusión, poco se dice respecto de por qué es importante disminuir la desigualdad y si de verdad vale la pena el esfuerzo, en particular si la pobreza es cada vez menor. Para dar una idea de lo pertinente de esta pregunta, el índice de Gini (*) de Afganistán, según el Banco Mundial, es de 27, mientras que el de Chile es 54. Es decir, Chile es mucho más desigual que Afganistán.

Sin duda, se puede argumentar que la desigualdad es inmoral e injusta, pero eso depende de lo que creamos qué es justo y moral, algo que recae en la esfera de la filosofía o la política o, incluso, la Religión. Mi intención, mucho más modesta, es presentar algunos elementos de juicio a partir de lo que el análisis económico ha dicho sobre este fenómeno.

Sin pretensión de misterio, diré de inmediato que la respuesta desde la perspectiva de la economía es: sí, importa disminuir la desigualdad porque afecta negativamente variables que inciden en la productividad.

Para comenzar, la desigualdad aumenta la tasa de criminalidad. Gary Becker, premio Nobel de Economía, publicó en 1968 un artículo en el cual investiga las motivaciones económicas para cometer un crimen. Si los ingresos de la actividad criminal son mayores a los de un trabajo legítimo, el individuo escogerá delinquir. El valor esperado de la actividad criminal depende del botín obtenido, la probabilidad de ser atrapado y el esfuerzo. Mientras más difícil sea delinquir y mayor la probabilidad de ser atrapado, bajará el valor esperado de la delincuencia y, por lo tanto, habrá menos crímenes, pero si aumenta el botín, mayor será el valor esperado y habrá más delincuencia.

Si la riqueza del país sube por igual, todos serán más ricos, de manera que habrá más individuos cuyo ingreso supere el umbral y, por esa razón, habrá menos delincuencia. Pero si el ingreso de los más ricos aumenta en mayor proporción que el de los más pobres, el valor esperado de la delincuencia se incrementa, pues aumentará el botín, es decir, el ingreso de los más ricos, pero no así el de los más pobres, haciendo más atractivas las actividades ilícitas.

Por lo tanto, según uno de los pilares de las Escuela de Chicago, a mayor desigualdad, mayor será la criminalidad.

Samuel Bowles en su libro de 2012 “The New Economics of Inequality and Redistribution”, presenta una taxonomía de las fallas de coordinación asociadas a la desigualdad que redundan en una disminución de la productividad social. Este tipo de problemas tiene como consecuencia que los resultados obtenidos de un proceso de interacción entre individuos sean menos deseables para alguien y no mejores para nadie. En jerga de economista: el resultado es ineficiente desde la perspectiva de Pareto. Algunos ejemplos son la contaminación, el desempleo o la congestión vehicular.

Los problemas de coordinación surgen cuando los contratos entre individuos son incompletos o difíciles de hacer cumplir, lo que depende de la gobernanza económica del país: derechos de propiedad, formas de competencia y las normas que regulan los incentivos y restricciones de los agentes económicos.

Para Bowles, la desigualdad será un impedimento para el desempeño económico cuando se transforma en un obstáculo para mejoras en la gobernanza que fomenten y estimulen la productividad. Existen tres circunstancias, según este autor, bajos las cuales esto se verifica.

Primero, si la distribución de la propiedad de activos es altamente desigual. En este contexto los trabajadores, que no son propietarios de los activos, no tienen incentivos para comportarse de forma que la productividad aumente, pues estos comportamientos son difíciles de monitorear y, por lo tanto, que se lleven a cabo o no depende en parte importante de la motivación intrínseca. En particular, estos comportamientos tienen que ver con el trabajo duro, la mantención del capital físico, la disposición a asumir riesgos, la adquisición y uso de conocimiento y otros similares. De esta manera, la elevada concentración de la propiedad de los bienes de capital es ineficiente. Por supuesto, la solución no es la estatización y siempre habrá grandes empresas y concentración de los bienes de capital, pero sociedades con una mayor cantidad de empresas de tamaño medio en manos, por ejemplo, de emprendedores e innovadores, o la existencia de cooperativismo, en donde los trabajadores se transforman en propietarios de los bienes de capital, tendrán mejores condiciones para resolver los problemas de incentivos mencionados.

Moverse desde un estado de ineficiente distribución de los derechos de propiedad no es sencillo, pues los trabajadores de bajos ingresos no estarán en condiciones de acceder al mercado financiero para adquirir activos productivos o no estarán dispuestos a asumir el riesgo en un mercado con una alta concentración de la propiedad.

La segunda circunstancia descrita por Bowles ocurre cuando los contratos son incompletos y difíciles de monitorear. En tales casos, será mucho más probable que éstos se cumplan si los individuos confían entre sí. En palabras de Kenneth Arrow: “Normas de comportamiento social, incluyendo los códigos morales y éticos, pueden ser reacciones de la sociedad para compensar las fallas de mercado”. La confianza y solidaridad frecuentemente proveen soluciones de bajo costo a las fallas de coordinación.

Una tercera situación en que la desigualdad afecta negativamente la productividad, está relacionada con los elevados costos que implica mantener una sociedad con estructuras institucionales que sostienen elevados niveles de inequidad. Sociedades altamente desiguales requieren comprometer una parte importante de recursos con la finalidad de hacer cumplir las normas y reglas: policías, cárceles, guardias privados o supervisores laborales, los que corresponden a un porcentaje significativo de la mano de obra productiva. Incluso, en estos casos podría observarse un nivel de desempleo de equilibrio mayor, debido a que éste se usaría como una amenaza para hacer cumplir los contratos. En uno de sus libros, Bowles compara el porcentaje de fuerza de trabajo destinada a la seguridad de una serie de países con un nivel de ingreso per cápita similar, pero con un distinto nivel de desigualdad. El resultado no deja espacio a la ambigüedad: los países con mayor desigualdad destinan una mayor fracción de la fuerza laboral a la seguridad.

Resumiendo, la desigualdad, en teoría, atenta contra la productividad y, en consecuencia, debería tener un efecto negativo en el crecimiento económico.

¿Qué es lo que la evidencia empírica indica al respecto? Los estudios empíricos mostraron por años una relación negativa entre desigualdad y crecimiento, como por ejemplo el trabajo de Alesina y Rodrick de 1994. Sin embargo, en 2000 Kristin Forbes publicó un artículo donde encuentra evidencia de una relación positiva entre desigualdad y crecimiento económico, esgrimiendo como argumento a favor de sus resultados el uso de una mejor base de datos que las utilizadas por sus predecesores. Este hallazgo dio sustento a la idea que se existe una solución de compromiso entre equidad y crecimiento.

No obstante, en 2003 Banerjee y Duflo publicaron un estudio en el cual se señala que existe una relación no lineal entre desigualdad y crecimiento, la cual hace que ante cualquier cambio en la desigualdad, sea un aumento o una disminución, habrá una caída en la tasa de crecimiento en el siguiente período, lo que explicaría que haya artículos que encuentren una relación positiva entre estas variables y otros una relación negativa.

De manera más reciente, un estudio de la OCDE de 2014 muestra que existe una relación negativa entre la desigualdad y el crecimiento.

En conclusión, la desigualdad tiene un efecto negativo en variables que afectan al crecimiento económico. Esto se respalda en el análisis teórico y también en evidencia empírica. Dada la naturaleza no lineal de esta relación, debe existir un nivel óptimo de desigualdad, distinto de cero, que maximice el bienestar social y, aunque desconozcamos la cifra, dista de ser el elevado nivel que se observa en nuestro país. Por lo tanto, sólo desde el punto de vista de la economía, es perentorio hallar la forma de reducir la desigualdad si queremos seguir creciendo y optar al desarrollo económico que tanto anhelamos.

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Referencias:

Banerjee, A. y Duflo, E. “Inequality and Growth: What Data Can Say?” Journal of Economic Growth, 8(3), Págs. 267-99

Alesina, A. y Rodrick, D. (1994) “Distributive Politics and Economic Growth” Quarterly Journal of Economics, vol. (109), 2. Págs 465-490

Becker, G. (1968) “Crime and Punishment: An Economic Approach”, Journal of Political Economy, vol. 76.

Bowles, S. “The New Economics of Inequality and Redistribution”. Cambridge University Press.

Cingano, F. (2014) “Trends in Income Inequality and its Impact on Economic Growth”, OECD SEM WorkingPaper No. 163.

Forbes, K. (2000) “A Reassessment of the Relationship between Inequality and Growth” American EconomicReview, 90(4), Pags. 869-887

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(*) N. de la R: El índice de Gini es una medida de desigualdad que, aunque se puede aplicar a cualquier tipo de distribución no equitativa, generalmente se usa para medir la desigualdad de los ingresos en un país o región. Según la definición que entrega el Banco Mundial: “El índice de Gini mide hasta qué punto la distribución del ingreso (o, en algunos casos, el gasto de consumo) entre individuos u hogares dentro de una economía se aleja de una distribución perfectamente equitativa”.

FUENTE: http://ciperchile.cl/2015/02/04/si-somos-mas-ricos-por-que-debe-importarnos-la-desigualdad/